martes, 4 de enero de 2011

EL ENTRENAMIENTO DE LA FELICIDAD


Cuál es la característica de una emoción envejecida, sin condimento ni motivación? La incapacidad para contemplar la belleza y una intensa capacidad para quejarse, porque nada los satisface por mucho tiempo.

Una persona emocionalmente superficial necesita grandes eventos para sentir placer; una persona profunda lo encuentra en las cosas ocultas, en los fenómenos aparentemente imperceptibles, como el movimiento de las nubes, el ballet de las mariposas, el abrazo de un amigo, el beso de un ser querido, una mirada de complicidad y la sonrisa de solidaridad de un extraño.

La felicidad no viene por casualidad; la felicidad viene del entrenamiento. Entrene a sus hijos para que sean excelentes observadores. Caminen por campos y jardines, miren el surgimiento de las flores y descubran juntos la belleza sutil. Llenen sus ojos con la hermosura que los rodea.

Enseñe a los jóvenes a apreciar los momentos simples, la fuerza que viene de la perdida, la seguridad que florece en el caos y la grandeza que emana de los pequeños gestos.

Las montañas están formadas por ocultos granos de arena. Los niños serán más felices si aprenden a contemplar la belleza tanto en los momentos de gloria como en los de fracaso, en las flores de la primavera y en las hojas muertas del invierno. ¡Este es el gran reto de la educación emocional!

Para muchas personas, la felicidad es la locura de los psicólogos, el delirio de los filósofos y la alucinación de los poetas; nunca han entendido que los secretos de la felicidad se ocultan en las cosas simples y anónimas, tan distantes y tan cercanas a ellas.
Dr. Augusto Cury